La obesidad en la historia

La obesidad entró en la historia desde la edad de piedra. Hipócrates describió la relación directa entre las personas obesas con la muerte súbita. Vágue, en 1947, clasificó la obesidad humana con base en la distribución morfológica del tejido adiposo.

En otras épocas el exceso de peso se consideraba signo de belleza, salud y status social. Formas de pintura, tendencias de la escultura y personajes de la literatura han sido obesos protagónicos.

Renoir igual que Rembrandt no presentaban sus figuras obesas por capricho, pintaban lo que veían, lo que era deseable y lo que estaba en moda. Eran adipositos que se dejaban moldear.

El obeso, con mentalidad de Sancho, es tranquilo y socarrón; como Sancho se preocupa del buen comer y del buen vivir y así se le adivina en la pintura de la obesidad. El delgado, por el con¬trario, fantasmal a idealista como don Quijote, lucha con el mismo denuedo que él y así parece que se va en la pintura hacia arriba, como si fuera a deshacerse en humo.

Los avances de la medicina y las estadísticas nos llevaron a determinar que las personas obesas tenían índices de vida menores a las delgadas. Los diseñadores, entonces, se fueron al otro extremo, ahora requerían siluetas delgadas y condujeron a modelos hasta los límites de desnutrición, todo por mercadear sus productos. Paradójicamente la publicidad dirigida a las comidas rápidas tomó fuerza. Los niños eran los más afectados y nuevamente tuvimos una generación obesa ya que la tercera parte de la obesidad adulta inicia en la niñez, más cuando sus padres son obesos.

Enfocándonos en los niños primero. La obesidad nos lleva a disminuir los niveles de autoestima, acompañado por la discriminación de compañeritos y por la misma sociedad. Los padres somos responsables en gran medida por la obesidad de nuestros hijos, recurrimos a la comida como manera de premiar, celebrar acontecimientos y cerrar tratos. Además de los efectos psicológicos relacionados con la obesidad, en el aspecto médico las complicaciones como apnea del sueño no son infrecuentes.

Las preferencias generacionales por la actividad física recreativa, también cambiaron. Tan solo unas décadas atrás, la condición para que el niño saliera a jugar con sus amigos fútbol, las escondidas o policías y ladrones; era que cumpliéramos con nuestras tareas escolares. “Si no terminas tus tareas, no sales a jugar” era la clásica de mamá. Hoy, sin menospreciar los avances tecnológicos que representan la televisión, el Internet y los videojuegos, no resultan contributivos a la salud física de la población infantil. Tengamos claro un concepto: La inactividad física se asocia con el inicio y permanencia de la obesidad. Achacarle el estado de obesidad de un niño a factores genéticos no sería totalmente justo. Los miembros de una familia no comparten únicamente los genes, sino también la dieta e influencias socioculturales.

Levantarse una hora antes de lo acostumbrado o hacer espacio en nuestra agenda diaria para ejercitarnos requiere de plena convicción personal. El ejercicio incrementa el consumo máximo de oxígeno, ayuda a conservar la masa muscular y su tono, mejora la sensibilidad a la insulina, disminuye los niveles de colesterol total, aumenta las HDL, favorece la osteogénesis y produce un beneficio psicológico.

El principio del mínimo esfuerzo es reconocido por quienes hacen marketting comercial. Todos buscamos la manera de alcanzar metas con cero o mínimo esfuerzo. En materia de salud muchas empresas ofrecen alternativas para bajar de peso y de tallas de forma rápida. Aquí conviene preguntarse: ¿lo que ofrecen es real o están intentando aprovecharse de nuestra necesidad o deseo de recuperar nuestra figura y salud?

Podemos concluir que bajar de peso y mantenerse a través del tiempo, con salud, requiere del convencimiento que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo, al igual que todas las cosas que valen la pena. La fórmula dieta + ejercicio = salud; requiere de un gran esfuerzo personal y de la asistencia de personas que estén genuinamente compenetradas con el paciente. Las grandes obras han surgido de pequeños, pero constantes esfuerzos. Todo recorrido se inicia con el primer paso.

Por: Dr. José Manuel Terán Sittón

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